La NVIDIA RTX 6000D deja al descubierto sus 84 GB de GDDR7 en su primer desmontaje
por Manuel NaranjoHay filtraciones que son un par de capturas sueltas y otras que te colocan al lado de la mesa de un técnico. Eso es lo que ha pasado con la RTX 6000D, una gráfica profesional basada en Blackwell que ha aparecido en un primer desmontaje. Y el dato que se queda pegado en la retina no es el tamaño del disipador: son los 84 GB de memoria GDDR7, una cifra extraña para el consumidor, pero muy lógica cuando el trabajo va de mover escenas, modelos y datasets enormes sin partirlos.
La RTX 6000D no busca ser “la mejor para jugar”. Su razón de existir es más simple: ofrecer una GPU profesional con mucha VRAM, pero con recortes medidos frente al modelo superior para encajar en segmentación y requisitos de mercado. En un sector donde la memoria se ha convertido en moneda fuerte, 84 GB es una declaración de intenciones.
Qué confirma el desmontaje: la memoria manda y el diseño va a lo seguro
El vídeo sirve para poner cara a lo que hasta ahora eran números. La placa y el sistema de refrigeración apuntan a un planteamiento típico de workstation: robustez, estabilidad y comportamiento sostenido. En entornos profesionales, lo que se compra no es un pico de rendimiento, sino previsibilidad bajo carga.
La protagonista, eso sí, es la VRAM. Los 84 GB de GDDR7 encajan con el uso de módulos de 3 GB por chip, una opción que empieza a tomar forma con la nueva generación de memoria. Esa elección sugiere una configuración de bus más estrecha que la de la variante completa: 84 GB suelen cuadrar con 28 chips de 3 GB y un bus de 448 bits. Es un recorte con bisturí: baja capacidad y ancho de banda frente a 96 GB y 512 bits, pero mantiene una cifra de memoria que sigue estando en otra liga.
Especificaciones que se consolidan: menos núcleos que la tope, misma familia Blackwell
Además del vídeo, esta NVIDIA se ha ido perfilando con datos técnicos que dibujan un patrón: es una Blackwell profesional recortada respecto al modelo superior. La cifra que más se repite es 156 SM, lo que equivale a 19.968 CUDA cores. Para comparar, la variante profesional “completa” ronda 188 SM y 24.064 CUDA cores.
No es un recorte pequeño, y tampoco parece accidental. La idea es crear un escalón con nombre propio, lo bastante potente como para tareas serias, pero claramente por debajo del buque insignia. En workstation, ese escalonado importa porque no solo se compite por rendimiento: también por disponibilidad y por el coste total de una estación.
En frecuencias también se habla de valores más contenidos, alrededor de 2.430 MHz en algunas lecturas, frente a boosts superiores en el modelo mayor. De nuevo, el mismo mensaje: potencia alta, sí, pero con margen más conservador y con un posicionamiento claro dentro de la gama.
Por qué existe una RTX 6000D: recortes para cumplir reglas sin matar el producto
La parte más interesante de esta historia no es solo técnica. También es estratégica. Cuando aparece un SKU como la RTX 6000D, normalmente hay un motivo de mercado: necesitas ofrecer potencia profesional y mucha VRAM en un entorno donde no puedes vender exactamente el mismo producto que en otras regiones, o donde conviene ajustar prestaciones para cumplir límites.
¿Y qué se recorta primero en estos casos? Lo habitual es recortar cómputo y ancho de banda: menos unidades activas, bus más estrecho, relojes algo más bajos. Eso reduce capacidad pico y evita que el producto se parezca demasiado al modelo top. La memoria, en cambio, suele mantenerse alta porque es la palanca más valiosa en IA y en ciertos flujos de visualización.
Qué significa para el usuario profesional: el verdadero cuello de botella
Para quien trabaja con render, simulación, CAD pesado o IA local, el titular práctico es simple: 84 GB de VRAM abre puertas. En render, permite escenas más grandes y menos trucos para “hacer que quepa”. Y en IA local, donde cada vez más equipos intentan ejecutar modelos grandes sin depender de la nube, la memoria es literalmente el campo de juego.
Aquí conviene ser claros: más núcleos ayudan, pero la VRAM decide si puedes o no puedes. Cuando falta memoria, el trabajo se convierte en compromisos: bajar resolución, reducir contexto, dividir el dataset o tirar de RAM del sistema con penalización. Todo eso cuesta tiempo.
En resumidas cuentas: este primer vídeo de desmontaje convierte la RTX 6000D en algo más que un rumor. Existe, tiene una configuración de memoria poco habitual y encaja en una estrategia clara de variantes Blackwell. Lo importante ahora será ver cómo se traduce esto en precio final, disponibilidad y rendimiento sostenido, que es donde las gráficas profesionales se ganan el apellido.
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