El año pasado fue un caos en términos de ciberseguridad: los ataques globales se dispararon un 44%, según un informe de Check Point Software. Esto no fue cualquier cosa, ya que los delincuentes pasaron de lanzar ataques puntuales a orquestar campañas más elaboradas y prolongadas. Lo peor es que no solo se trató de hackers comunes, sino que muchos estados estuvieron detrás, utilizando ataques para desestabilizar y sembrar desconfianza.
Un detalle alarmante fue el uso de inteligencia artificial generativa para difundir campañas de desinformación. Por ejemplo, en las elecciones de 2024, un tercio de los procesos electorales globales fueron blanco de manipulación. Además, ransomware como Dark Angels se reinventó, enfocándose en robar datos en lugar de bloquear archivos, haciendo sus operaciones más rápidas y efectivas.
El sector de la salud sufrió lo suyo con un aumento del 47% en ataques de ransomware, dejando claro que los ciberdelincuentes no tienen reparos en atacar incluso áreas críticas. Por otro lado, dispositivos como routers comprometidos y botnets avanzadas se convirtieron en una puerta de entrada perfecta para los atacantes. Uno de los ejemplos más graves fue la red Raptor Train, manejada por actores estatales y responsable de comprometer cientos de miles de dispositivos.
El panorama deja una lección clara: la ciberseguridad no es un lujo, sino una necesidad urgente en este mundo hiperconectado. Las empresas y gobiernos tienen que ponerse las pilas para proteger sus sistemas y datos antes de que sea demasiado tarde.
Fin del Artículo. ¡Cuéntanos algo en los Comentarios!